quarta-feira, 22 de abril de 2009

MONS. ZACARÍAS DE VIZCARRA, APÓSTOL DE LA HISPANIDAD VASCA

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Zacarías de Vizcarra Arana (1880-1963)

Obispo católico español y primer ideólogo de la «Hispanidad», nacido el 4 de noviembre de 1880 en Abadiano, «anteiglesia y república en la provincia de Vizcaya a 5½ leguas de Bilbao, diócesis de Calahorra, audiencia territorial de Burgos» (escribía Madoz en 1845), desde 1861 diócesis de Vitoria. En septiembre de 1891 se difundió el Prospecto primero destinado a captar la primera promoción de alumnos becarios, de entre doce y catorce años, que debían inaugurar el Seminario Pontificio de Comillas, y Zacarías de Vizcarra fue uno de los más de quinientos candidatos que fueron examinados y reconocidos en las casas de la Compañía de Jesús más cercanas a sus domicilios, teniendo la suerte de ser seleccionado, formando parte de aquellos primeros cincuenta y cuatro jóvenes españoles que dieron vida a la nueva institución, y que se incorporaron a Comillas a principios de enero de 1892. Aquella primera promoción, nombrada de «San Antonio» (por Antonio López), culminó sus estudios en 1906, una vez reconocido en 1904 el Seminario como Universidad Pontificia de Comillas, tras permanecer los alumnos más de catorce años allí internos, incluso los periodos de vacaciones, siendo Vizcarra ordenado presbítero el 31 de marzo de 1906, y manteniéndose a partir de entonces vinculado a Comillas a través de Unión Fraternal y su revista. Tal como preveía el régimen especial de Comillas, al terminar sus estudios hubo de servir como voluntario durante cuatro años en su diócesis. «Visitas. Al comienzo de las vacaciones de este año [1908], a los que teníamos la suerte o la desgracia de no poder ir a nuestras casas, nos cupo la dicha de estrechar las manos de varios sacerdotes que, una vez terminada la carrera, fueron a trabajar con celo en la viña del Señor. Entre ellos estaba mi, nunca bien ponderado, primo Zacarías Vizcarra, que era prefecto de disciplina en el Seminario Conciliar de Vitoria, profesor de griego y suplente universal de todas las asignaturas. Se les dedicó a todos ellos una velada literario-musical, familiar, en el salón de estudio de los pequeños. Yo también, en aquel momento de efusión, me sentí inspirado y canté los loores de mi primo, en esta forma: A don Zacarías de Vizcarra Salud, honor y gloria, Doctor heleno, insigne Zacarías. Si supiera tu historia Y viviera estos días; Tus glorias en cantar fuera el primero De Ulises el cantor, el gran Homero. Tú te remontas con tu bello ingenio Hasta la Grecia culta Y nada se te oculta De lo que puede descubrir su genio. Por eso pasmará al linaje humano La gran obra que traes entre manos. [La antología griega.] Te debe mil favores El mismo Homero y aun la Grecia entera. Porque, ¡quién lo dijera! Cantaste sus loores En espléndido himno a clericales. Al par que a diputados liberales. Que eras una eminencia En la sacra escritura y teología, ¿Quién negar osaría, Si todos dicen que te sobra ciencia? Pasemos adelante, Porque en esto tan sólo eres pasante. Y cuentan que en su trato No era, no, Zacarías, un cualquiera; (Reclama tú, si en algo disparato); Mas a fe que no andabas en chiquitas Diría quien supiera En dónde recibías las visitas. Diz que del Seminario En la gran biblioteca, rodeado A guisa de anticuario, De tanto pergamino apolillado. Contar fuera mi intento Tus percances, descuidos, en Vitoria; Mas, como es de esto sólo Dios testigo, Adiós, mi caro amigo; Me despido cual tú me despedías En una de las cartas que escribías 'Al dulce primo de cerúleos ojos'.»(Dionisio Domínguez S. J., «Relatos de Cielo. Capítulo XVI, continua el estudio de la Teología», Unión Fraternal (Comillas), año XLIII, nº 171, noviembre 1952, págs. 287-289.) En 1911 publicó un breve catecismo en vascuence (Cristiñavaren Jaquinbide Labustua, 24 págs) del que apareció al año siguiente versión en español (Catecismo breve de la doctrina cristiana, 20 págs). El joven sacerdote Vizcarra se trasladó pronto a la Argentina, como capellán de la potentada familia Pereyra Iraola, república donde había de permanecer durante veinticinco años, regresando a España en 1937. Allí formó parte de un activo grupo de católicos, entre los que se encontraba el arquitecto Rómulo Ayerza (1855-1948), quien había intervenido en la construcción de la Basílica de Luján, tuvo a su cargo la erección de la Basílica del Sagrado Corazón en Buenos Aires, financiada por la familia Pereyra Iraola (se culminó en 1908), fue de los propulsores de los Cursos de Cultura Católica que se iniciaron en 1922, y de la Sociedad Editorial Surgo y de la revista Criterio. Zacarías de Vizcarra fue profesor de los Cursos de Cultura Católica, en los que reemplazó en 1923 al padre jesuita José Ubach en el curso de Filosofía e inició la explicación de «Dogma y moral para la catequesis»; en 1925 fue Vizcarra reemplazado en el curso de Filosofía por el padre jesuita José María Blanco, y ese año dictó tres lecciones especiales sobre el «Patriotismo». También colaboró Vizcarra en Criterio, de la que fue asesor y censor eclesiástico (junto con el presbítero Restituto Pruneda). «En un lindo y microscópico fascículo publicó Vizcarra una poesía con ocasión de una velada que celebró en Buenos Aires la sociedad española de la Virgen del Pilar, en honor del Cardenal Juan B. Benlloch, el 29 de septiembre de 1923. No es la inspiración ni siquiera la dicción poética el mérito de esta obrita, sino el ingenio y la intencionada ironía con que el autor describe el carácter e historia de las Naciones que han hecho y hacen la guerra a la influencia de España en América. Por la solemne ocasión en que la poesía se leyó y por ser de un autor, que a pesar de sus múltiples ocupaciones intelectuales y organizadoras, aun encuentra tiempo para versificar y hacer himnos a la Hispanidad, he querido mencionarla como una muestra de la educación poética de los comilleses antiguos.» (Nemesio González Caminero, La Pontificia Universidad de Comillas. Semblanza histórica, Comillas 1942, pág. 67.) En 1926 publicó Zacarías de Vizcarra en Buenos Aires un artículo que se haría famoso, «La Hispanidad y su verbo», en el que propone utilizar el término «Hispanidad» para sustituir al de «Raza», en el sentido de Día de la Raza o Fiesta de la Raza, rótulo extendido desde que Faustino Rodríguez San Pedro lo propusiera en 1913, celebrado ya entonces como fiesta nacional en varios Estados: «Por las razones que luego indicaré no me satisfacía el nombre de Día de la Raza, que iba adquiriendo cada vez mayor difusión. Era necesario encontrar otro nombre que pudiera reemplazarlo con ventaja. Y no hallé otro mejor que el de 'Hispanidad', prescindiendo de su anticuada significación gramatical y remozándola con dos acepciones nuevas, que describía yo así en una revista de Buenos Aires que no tengo a mano ahora en Madrid, pero que encuentro citada en la mencionada revista Hispanidad de Madrid, en el número de 1 de febrero de 1936: «Estoy convencido –decía en ella– de que no existe palabra que pueda sustituir a 'Hispanidad'... para denominar con un solo vocablo a todos los pueblos de origen hispano y a las cualidades que los distinguen de los demás. Encuentro perfecta analogía entre la palabra 'Hispanidad' y otras dos voces que usamos corrientemente: 'Humanidad' y 'Cristiandad'. Llamamos 'Humanidad' al conjunto de todos los hombres, y 'humanidad' (con minúscula) a la suma de las cualidades propias del hombre. Así decimos, por ejemplo, que toda la Humanidad mira con horror a los que obran sin humanidad. Asimismo llamamos 'Cristiandad' al conjunto de todos los pueblos cristianos y damos también el nombre de 'cristiandad' (con minúscula) a la suma de las cualidades que debe reunir un cristiano. Esto supuesto, nada más fácil que definir las dos acepciones análogas de la palabra 'Hispanidad': significa, en primer, lugar, el conjunto de todos los pueblos de cultura y origen hispánico diseminados por Europa, América, África y Oceanía; expresa, en segundo lugar, el conjunto de cualidades que distinguen del resto de las naciones del mundo a los pueblos de estirpe y cultura hispánica.» Estas dos acepciones nuevas de la palabra «Hispanidad» nos podían permitir reemplazar ventajosamente el vocablo «raza» que, como escribía yo en la mima revista, me parecía «poco feliz y algo impropio»; pero no figuraban todavía en los diccionarios. Por eso, en un escrito que publiqué en Buenos Aires en 1926 bajo el título 'La Hispanidad y su verbo', y obtuvo amplia difusión en los ambientes hispanistas, elevaba a la Real Academia de la Lengua esta modesta súplica: 'Si tuviéramos personalidad para ello, pediríamos a la Real Academia que adoptara estas dos acepciones de la palabra 'Hispanidad' que no figuran en su Diccionario'.» (Zacarías de Vizcarra, «Origen del nombre, concepto y fiesta de la Hispanidad», El Español, 7 de octubre de 1944.) Entre 1928 y 1930 ejerció Ramiro de Maeztu, a instancias del General dictador Primo de Rivera, como embajador de España en Argentina, estableciéndose una relación de amistad con Zacarías de Vizcarra que sería determinante para la difusión de la Idea de «Hispanidad» en España: el mismo año en el que se proclamó la República, el primer número de la revista católica y monárquica Acción Española (Madrid, 15 de diciembre de 1931) se abría con un artículo de Ramiro de Maeztu titulado «La Hispanidad» (páginas 8-16) –luego refundido en su Defensa de la Hispanidad– que comienza: «'El 12 de octubre, mal titulado el Día de la Raza, deberá ser en lo sucesivo el Día de la Hispanidad.' Con estas palabras encabezaba su extraordinario del 12 de octubre último un modesto semanario de Buenos Aires, El Eco de España. La palabra se debe a un sacerdote español y patriota que en la Argentina reside, D. Zacarías de Vizcarra. Si el concepto de Cristiandad comprende y a la vez caracteriza a todos los pueblos cristianos, ¿por qué no ha de acuñarse otra palabra, como ésta de Hispanidad, que comprenda también y caracterice a la totalidad de los pueblos hispánicos?» (Ramiro de Maeztu, «La Hispanidad», Acción Española, tomo 1, nº 1, 15 de diciembre de 1931, página 8.) «Hubo dos circunstancias que provocaron su aproximación [de Ramiro de Maeztu, en Argentina] a los nacionalistas. En primer lugar, la impresión favorable que le causó la lectura de dos artículos del joven ensayista Ernesto Palacio, de «La Nueva República», (1927-1931), periódico nacionalista que editaban los hermanos Julio y Rodolfo Irazusta. En segundo lugar, su relación con el sacerdote español, Zacarías de Vizcarra, muy vinculado a la colectividad y activísimo en la propagación y polémica en favor del catolicismo y del tradicionalismo. El P. Vizcarra fue uno de los primeros en difundir en Buenos Aires un concepto de la cultura hispánica estrechamente vinculado al catolicismo y la idea de que la hispanidad, como él la designaba, debía ser el principal lazo de unión entre España, las naciones hispanoamericanas y, en particular, la Argentina. Era profesor de los «Cursos de Cultura Católica», creados en 1922 dentro del programa de renovación del pensamiento católico que tenía lugar en Buenos Aires e integró el elenco editorial de la revista «Criterio», dirigida en 1928 por Atilio Dell'Oro Maini, también bajo el patrocinio del episcopado de Buenos Aires. Las relaciones intelectuales y religiosas entre Vizcarra y Maeztu fueron muy estrechas, pues éste se replanteaba su posición religiosa, y el sacerdote le aconsejaba con enseñanzas y orientaciones teológicas. Por otra parte. Vizcarra conocía muy bien a los nacionalistas, quienes participaban de las actividades culturales católicas. Sobre todo César Pico, un biólogo con una fuerte vocación filosófica y sociológica, y dos filósofos del derecho: Tomás Casares y Faustino Legón. En el grupo también estaban el médico y ensayista político Juan D. Carulla, el poeta Lisardo Zía, el historiador Alberto Ezcurra Medrano y los ensayistas Alfonso de Laferrère y Mario Lassaga.» (Enrique Zuleta Álvarez, «Maeztu en Buenos Aires», Razón Española, nº 83, mayo-junio 1997, págs. 319-325.) «En los primeros años del 30 anduvo por Buenos Aires un sacerdote español, el padre Zacarías de Vizcarra, alejado de su patria por las turbulencias de la época. Era un espíritu inquieto y deseoso de fundar su fe religiosa en conocimientos sólidos y acordes con las demandas del siglo en que debía proclamar su ministerio. De su paso entre nosotros quedan rastros a raíz de su colaboración en el surgimiento de los Cursos de Cultura Católica, parcial antecedente de la actual Universidad Católica Argentina, del Ateneo de la Juventud, de la desaparecida Radio Ultra y, en especial, del Instituto Grafotécnico. Vizcarra tenía un interés preciso y bien meditado en crear un lugar de formación cristiana para quienes tuviesen que trabajar en los medios de comunicación. La opción del sacerdote fue clara: él quería un establecimiento cristiano y no confesional, entendido lo primero como una cátedra inspirada en la jerarquía de valores que entraña el cristianismo como visión de las cosas, y lo segundo como un rechazo a las posiciones que denoten sectarismo y que amenacen la unidad del cuerpo comunitario. Fue Vizcarra el hombre que ideó las funciones del Grafotécnico, dispuso los resortes que lo pusieron en marcha y convocó a las personalidades que se hicieron cargo de la dirección y la docencia en la primera sede, ubicada en Carlos Pellegrini 1535. El primer Consejo Superior –organismo tutor del Instituto en los primeros 20 años– fue presidido por el doctor Vicente C. Gallo, rector de la Universidad de Buenos Aires; lo secundaban, entre otros, el arquitecto Alejandro Christophersen, los historiadores Rómulo Carbia, Carlos Ibarguren y Salvador Oría; los novelistas Manuel Gálvez y Gustavo Martínez Zuviría; y los críticos y ensayistas Juan Pablo Echagüe y Juan B. Terán. Antes de regresar a España, en 1936, el padre Vizcarra le pidió al padre Ercole Gallone, de la compañía de San Pablo, que la Obra Cardenal Ferrari se hiciera cargo de la Escuela de Periodismo. Vizcarra fue el primer director del Instituto; en los siguientes años se sucedieron en el cargo Alfonso Raffaelli, Hugo Parpagnoli, Luis Gil Montoya, Basilio Uribe, Guillermo Meque, Francisco Papini, Antonio Díaz Funes, Alcibíades Manuel Córdova Alsina, Pedro Siwak, Emilio Díaz, José María Poirier, Susana Rosso, Teresita Rottgardt, Pedro Siwak y el Lic. Carlos Massa, quien es el actual rector.» (Los orígenes del Instituto Grafotécnico de Buenos Aires, de su página de internet, julio 2004.) En el número 16 de Acción Española (1º agosto 1932) reprodujeron los «principales fragmentos del estudio publicado en Buenos Aires por Don Zacarías de Vizcarra, honra de nuestro sacerdocio, para animar, durante las presentes tribulaciones, a los católicos españoles, con la visión de las pasadas misiones y de los destinos futuros de España y de la Hispanidad», bajo el título «El apóstol Santiago y el mundo hispano», donde Zacarías de Vizcarra expresa con claridad meridiana, y además un par de veces, los destinos futuros que se esperan de España y de la Hispanidad: «...tenemos que España y su estirpe, es decir, toda la Hispanidad, debe cumplir todavía dos brillantes misiones en la Cristiandad, para salvar a la Humanidad en su más terrible crisis: 1.º Debe derrotar al Anticristo y a toda su corte de judíos, con el signo de la Cruz (...), 2.º Debe España completar la obra iniciada en Covadonga, Las Navas, Granada y Lepanto, destruyendo completamente la secta de Mahoma y restituyendo al culto católico la catedral de Santa Sofía, en Constantinopla. (...) Porque Santiago y España tienen que cumplir todavía dos misiones a cual más gloriosas: Santiago y España tienen que defender un día a la Iglesia de San Pedro, combatiendo y derrotando al Anticristo y a su corte de judíos; Santiago y España tienen que cantar un día el Credo de Nicea en la mezquita de Santa Sofía, después de haber rasgado en su pórtico, entre los aplausos de la Morisma bautizada, los falsos mandamientos de Mahoma.» (Zacarías de Vizcarra, «El apóstol Santiago y el mundo hispano», Acción Española, tomo 3, nº 16, 1º agosto 1932, páginas 394 y 400.) En 1934 fue Zacarías de Vizcarra uno de los principales organizadores del Congreso Eucarístico Internacional de Buenos Aires, al que asistió el Arzobispo de Toledo y Primado de España, Isidro Gomá Tomás, a quién encargaron pronunciar, el 12 de octubre de 1934, en el Teatro Colón, el discurso principal de la celebración oficial argentina de la Fiesta de la Raza, ocasión que la máxima autoridad de la iglesia católica española aprovechó para asumir y consolidar, de forma bien explícita, la idea que Vizcarra había introducido ocho años antes: «Apología de la Hispanidad.» En 1937, en plena guerra civil, volvió Vizcarra a España, convirtiéndose en fiel colaborador del Cardenal Gomá en la reorganización de la Acción Católica Española, dependiente de la Sede primada. Zacarías de Vizcarra, cuya primera publicación había sido un breve catecismo en vascuence, publicó en 1939, en la Editorial Tradicionalista de San Sebastián, un libro cuyo título no deja lugar a dudas: Vasconia españolísima. Datos para comprobar que Vasconia es reliquia preciosa de lo más español de España, donde asegura que el vascuence fue la lengua de buena parte de la España indígena prerromana, que los vascos son herederos directos del pueblo cántabro, cómo los vascos fundaron la primera de las colonias españolas en el sur de Francia (vasconia francesa), cómo Castilla fue fundada y poblada por los vascos, que la primera dinastía castellana (Fernando I el Magno) fue vasca, que Aragón nació en Vasconia, y su primer rey, Ramiro I, fue también vasco; que el primero que escribió en lengua castellana fue un vasco, explica la cooperación necesaria de los vascos en las empresas universales más gloriosas de la historia de España, el origen burgués y en último término extranjero (el malvado francés) del nacionalismo vasco, detecta ya la utilización política de este nacionalismo por parte de cierto marxismo y ofrece, además, hasta cuatro letras para el himno nacional español: una religiosa, otra española y dos hispanoamericanas. Desempeñó Vizcarra un papel protagonista en la articulación de Acción Católica Española tras la guerra civil, y su Curso de acción católica (Instituto de Cultura Religiosa Superior, Madrid 1942, varias reediciones) se convirtió en la obra de referencia para la agitprop católica de aquellos años. Fue nombrado Consiliario General de Acción Católica Española (y primer consiliario de los Cursillos de Cristiandad), y como tal formó parte del Patronato de Honor del XIX Congreso Mundial de Pax Romana celebrado en 1946, en el que intervino en más de una ocasión (ver en las Actas: 61-62, 81-83, 86-90, 96-99 y 132-146). Desde las angustias de 1932 habían cambiado bastante las cosas: los judíos, aunque diezmados tras la shoah, consolidaban el naciente Estado de Israel; y, antes que preparar sermones destinados a la morisma bautizada de Santa Sofía, era más urgente frenar el avance del comunismo ateo en tierras de la hispanidad, detener la expansión entre nosotros del que se presentaba como inexpugnable imperio soviético. Electo el 2 de abril de 1947 como Obispo Auxiliar de Toledo y Obispo de la sede virtual de Eressus, tomo posesión el 22 de junio de 1947 (el Arzobispo de Toledo desde 1941 hasta 1968 fue Enrique Pla y Deniel, cardenal desde 1946), continuó incansable su activismo de inteligente luchador católico. Prueba magnífica de los avances que iban logrando con las prudentes estrategias que seguían para cercenar al comunismo, la encontramos en la mención nominal que mereció Vizcarra en 1956 en uno de los documentos más significativos del Partido Comunista de España, la organización clandestina más perseguida entonces en el interior: «La ideología de la democracia cristiana es opuesta a la ideología del comunismo. Pero en los artículos publicados por Monseñor Zacarías de Vizcarra en «Ecclesia» y en algunas actitudes de jerarquías o católicos destacados hay un tono conciliante, civil, al hablar del Partido Comunista, que contrasta con los llamamientos a nuestro exterminio físico hechos por otros católicos en otros períodos. En dichos artículos no se plantea la lucha en el terreno de la guerra civil, sino en el terreno ideológico. Nosotros pensamos igualmente, que la discusión, la polémica, la lucha de ideas, y no la violencia física, son las formas que deben utilizarse para dirimir las diferencias políticas e ideológicas.» (Declaración del Partido Comunista de España, Por la reconciliación nacional, por una solución democrática y pacífica del problema español, Junio de 1956.) ¡Qué regocijo tendría Vizcarra –y el jesuita padre Llanos, por ejemplo, que ese mismo año trasladaba su activismo al Pozo del Tío Raimundo– al comprobar la efectividad de la acción católica entre aquellos ingenuos marxistas cristo dialogantes, a los que con paciencia se podría ir trocando de feroces lobos comunistas en inocuos corderos pacifistas! Falleció Zacarías de Vizcarra el 18 de septiembre de 1963, tras más de 57 años de sacerdocio y más de dieciséis como Obispo. Bibliografía de Zacarías de Vizcarra Arana:
  • Cristiñavaren Jaquinbide Labustua, Florentino Elosuren, Durango 1911, 24 págs.
  • Catecismo breve de la doctrina cristiana, Florentino Elosuren, Durango 1912, 20 págs.
  • La vocación de América: finalidad y carácter de la nueva fiesta litúrgica del 12 de octubre instituida por el Episcopado argentino en 1933, Librería de A. García Santos, Buenos Aires 1933, 139 págs. • Gladius, Buenos Aires 1995.
  • Vasconia españolísima. Datos para comprobar que Vasconia es reliquia preciosa de lo más español de España, Prólogo de José Artero, Editorial Tradicionalista, San Sebastián 1939, XI+254 págs. • Segunda edición, Publicaciones Españolas (Claves de España 8), Madrid 1971, VIII+206 págs.
  • Curso de acción católica, Instituto de Cultura Religiosa Superior, Madrid 1942, 515 págs. Segunda edición: Madrid 1943, 560 págs. Cuarta edición revisada y completada, Acción Católica Española, Madrid 1953, 662 págs.
  • Idea justa de la Acción Católica, Acción Católica Española, Madrid 1952, 64 págs. Segunda edición, ACE, Madrid 1954, 80 págs.
  • Los ideales de la Unión Española de Hermandades Profesionales a la luz del pensamiento social pontificio, Revista Eclesiástica, Madrid 1960, 15 págs.
Sobre Zacarías de Vizcarra Arana:
  • 1964 Monseñor Vizcarra (sesión necrológica), Instituto Central de Cultura Religiosa Superior, Madrid 1964, 47 págs.
  • 1965 Francisco Gutiérrez Lasanta, Pbro., Tres cardenales hispánicos: Gomá, Benlloch, Tedeschini, y un obispo hispanizante: Zacarías de Vizcarra, Talleres Editoriales de «El Noticiero», Zaragoza 1965, 323 págs.
  • 2002 Jorge Lombardero Álvarez, «La Hispanidad según Zacarías», El Catoblepas, nº 5, pág. 19, julio 2002.
Sobre Zacarías de Vizcarra Arana en el Proyecto filosofía en español: Textos de Zacarías de Vizcarra en el Proyecto filosofía en español:

sábado, 18 de abril de 2009

RESERVA DE LAS ESPAÑAS

http://img295.imageshack.us/img295/4110/frontalkp9.jpghttp://img295.imageshack.us/img295/4110/frontalkp9.jpghttp://www.elsecretodelaspiedrasrojas.com/img/carlista.jpg http://img295.imageshack.us/img295/4110/frontalkp9.jpg Por la Virgen del Pilar, Ante el árbol de Guernica, El Escorial castellano, El alcázar de Sevilla, El Tibidabo catalán, Las playas canarias, La catedral de León, La pólvora valenciana, Ante Santiago Apóstol, De sepulcro gallego, Por nuestra costa norafricana, Leyendas y aceros de Toledo, Por la Santísima Covadonga, Por toda la Sierra Morena, Vibran sentimientos realistas, Resurrección de la España entera, Todos nuestros nexos de unidad, En la más firme Comunión, Con la variedad que nos enriquece, Por la defensa de la Tradición, Cimentada en la Cruz, Afirmada por la corona, Dos siglos de Revolución: Robo, crimen y deshonra, Continuando la Guerra de la Independencia, Como reserva de las Españas, El carlismo sigue vivo, En sus más hondas entrañas, Con la calurosa alegría del vino, Con la austeridad de la montaña, Con la bravura de los mares, La reserva de las Españas, Reserva de la España malherida, Que busca alianza con Portugal, Así como con Hispanoamérica, En defensa de la Hispanidad, Reserva de la perdida España, Que tendrá que renacer, Al son de la conquista, En un nuevo amanecer, Dios, Patria, Fueros, Rey, Que ondeen las banderas al viento, Legitimidad en marcha, Restaurando lo verdadero, Adelante, boinas rojas del honor, Correligionarios de la Santa Causa, La Fe y el ideal nos mueven, Somos la reserva de las Españas.

sexta-feira, 17 de abril de 2009

TERNURA

http://www.mundocity.com/europa/lisboa/calle-lisboa.jpg Para hoje, dia de chuva, Só desejo ternura, Ternura em silêncio, Traz-me meu mistério, Ternura, ternura lírica, Como é, bem íntima, Submergida ternura, No sonho sem loucura, Ternura lusitana, Lágrima hispana, Nao sou português, Nao sou ? Talvez.... Tempo de tardinha, Lamentos, palavrinhas; Musica nos ouvidos, Desenhos escondidos, A ternura dum abraço, De amizade desejado, A ternura dum beijo, Nuns lábios doces e belos, A ternura da cidade, Que amanhece, que nasce, E quando deito-me, a mente, Descansa elegantemente, Coração aberto, independente.... Ou fechado realmente ? Coração que ternura acha, Na imagem duma sozinha praia, Sim a palavra é prata, Muitas vezes é barata, Contradições escuras, Só peço ternura ! Ternura de Outono e Inverno, Mas não de Verão intenso, Nem de Primavera tampouco, A ternura não é para o louco, Ternura portuguesa, Emblema da nobreza, Dum povo marinheiro, De Igreja e império, Triste é meu sentimento, Pois nao estou muito perto, Ternura lusa, tanto me chamas, Que meu amor inflamas.

quinta-feira, 9 de abril de 2009

O Legado da Princesa da Beira

Reforçamos o tema de base do nosso minivídeo Sagrada Hispânia: Portugal e Espanha, dois países irmãos com uma história em comum… na glória como na desgraça… ultimamente na desgraça. Bem desgraçados são os órfãos: sem pais que os criem, que os guiem, que os ajudem, que os amparem. Que os ensinem a distinguir entre o bem e o mal, a sempre cultivar um e a combater o outro. Que lhes semeiem o amor ao Deus Verdadeiro acima de todas as coisas. Que lhes transmitam os valores e as tradições de seus antepassados. Pois órfãos são também hoje Portugal e Espanha. Órfãos de Rei, o pai dos seus súbditos. Por isso também tão degenerados como nações. As leis da legitimidade dinástica foram atropeladas num país como noutro: se a Portugal foi imposta uma república maçónica, filha de uma sucessão monárquica ilegítima, Espanha vive uma sucessão monárquica ilegítima, filha de um ditador vencedor de uma república maçónica. Tivessem sido cumpridas essas leis, boas leis porque de bom governo, e teriam, Dom Duarte de Bragança e Don Carlos Hugo de Borbón, inequívoco direito aos respectivos tronos. A serem pais dos seus súbditos. Leis de bom governo, para os povos e para os príncipes. Que a uns e a outros concedem direitos que resultam do bom cumprimento de deveres. Legitimidade de sangue e de exercício, que uma não prescinde da outra, como deixou para sempre claro Dona Maria Teresa de Bragança, Princesa da Beira pela mão do Senhor Bispo Don Josep Caixal i Estradé. Pela legitimidade de exercício adquiriram o direito ao trono Dom Miguel I e Don Carlos V… por ela o perdeu Don Juan III. Por ela o perderam Dom Duarte Pio e Don Carlos Hugo. Se Don Carlos Hugo defende a auto-gestão socialista dos povos não tem direito a ser rei! Se Dom Duarte Pio defende que em Portugal só cabem os portugueses que acreditam na maldita democracia, então não também não tem direito a ser rei! Órfãos e tristes, os hispanos patriotas de Espanha e Portugal continuarão a lutar por seus tronos vazios… e nós também pela razão do legitimista legado da Princesa da Beira!

terça-feira, 7 de abril de 2009

CANÇÃO DE ANGOLA

http://ultramar.terraweb.biz/Imagens/Guine/TEN%20COR%20Marcelino%20da%20Mata/daMata_1_250.jpg http://html.rincondelvago.com/0004599910.png A áqueles portugueses que com seu bravo sangue regaram as terras de Angola. Áqueles angolanos que não renegam a sua herança lusa e mantêm viva a esperança do Evangelho. Uma canção da Angola, Eu te venho trazer, Com belo ar tropical, Com sentimento português, Com cheiro doce de café, De açúcar e de areia, Coroado no céu, Protector da floresta, Uma canção de Angola, Que queria um poeta mulato, Que nasceu do misto, Do preto e do branco, Uma canção de Angola, Como a ponte para o Brasil, Calor mítico do navegador, Rumos da Índia feliz, Canção de Angola que acha, O lamento dum soldado, Saudade da Angola Portuguesa, Saudade de quem tinha lutado, Era hora de morrer em África, Eram tempos de traições, E por isso ainda uma canção, De Angola exala dores, Eram tempos de heróis, Que não foram reconhecidos, Auto-ódio da psique ibérica, Quanto dano tem-nos infligido! É necessariamente recordação, Uma canção de Angola, Recordação de fados, Sob o mar de Lisboa, Uma canção de Angola, Agora acha sua esperança, Com Bento Dezasseis, Alemão e grande Papa, A tua seiva lusitana, Angola, nunca esqueces, E canta como sabes, canta, Canta, África Lusa alegre, Que a tristeza é grande, Mas folgura pode ser o futuro, Angolano pensa-o, homem! Como bom africano luso.

domingo, 5 de abril de 2009

O CARLISMO E A "LIBERDADE RELIGIOSA" * - RAFAEL GAMBRA C.

COMENTÁRIO PRÉVIO André F. Falleiro Garcia Rafael Gambra Ciudad (1920-2004), filósofo, historiador e escritor, foi o maior vulto do conservadorismo espanhol na segunda metade do século XX.
Dedicou-se inteiramente à defesa do tradicionalismo católico monárquico, alinhado com o movimento carlista. Empenhou-se em buscar a consecratio mundi – a sacralização da vida temporal – que Pio XII assinalou como o ideal da ação pública dos católicos.
Considerou que a perda ou enfraquecimento da unidade religiosa abalaria a própria unidade nacional, com a reaparecimento dos separatismos regionais e a guerra civil, favorecendo a intervenção estrangeira dominadora.
Firmou-se o carlismo na sustentaçao do seguinte ideário político-ideológico: o reinado social de Nosso Senhor Jesus Cristo; a religião católica como religião oficial do Estado espanhol; a unidade católica como base da unidade nacional, constituindo seu melhor patrimônio espiritual; o dever do Estado de proteger e ajudar a Igreja, dentro de sua respectiva competência; não modificar a situação legal das confissões não-católicas na Espanha e manter a tolerância religiosa nos limites convenientes ao bem público.
O texto clássico de Rafael Gambra, apresentado a seguir, representa a atitude defensiva do tradicionalismo espanhol diante do conteúdo demolidor contido na Declaração Conciliar Dignitatis Humanae do Concílio Vaticano II.
RAFAEL GAMBRA C. O carlismo sempre defendeu a unidade religiosa da Espanha. Mais ainda: essa unidade é a pedra angular da ordem política que o carlismo propugna. Quando faz de Deus o primeiro de seus lemas, não significa simplesmente que crê na existência de Deus no Céu, ou que propõe a religiosidade como norma de vida de seus adeptos. A trilogia carlista não é um programa de vida pessoal, senão um ideário de um sistema político. A unidade católica, além do mais, ainda que às vezes de forma incongruente com o regime político, tem estado vigente na Espanha desde os tempos de Recaredo, no século VI, até a atual Constituição de 1978, com a única exceção dos cinco anos da Segunda República.
O que é a unidade religiosa? Para melhor compreendermos, digamos, antes de tudo, o que não é a unidade religiosa. Não é, ao contrário do que muitos pensam, coação nem intolerância. A fé não pode ser imposta a ninguém – nem moral, nem sequer fisicamente – posto que é uma virtude infusa que Deus concede e que incide no mais íntimo de cada alma. Tampouco se deve exercer alguma coação sobre o culto privado de outras religiões, nem sobre sua prática em locais ou templos reservados, contanto que não se exteriorize nem se propague publicamente, já que num Estado confessional a difusão das falsas religiões deve ser considerada como mais daninha do que a propagação de drogas ou substâncias nocivas.
Mais ainda: o sistema tradicional aconselha que se adote a política prudencial, pela qual o governante católico – em cuja nação estão arraigadas de fato mais de uma confissão religiosa – deve basear-se no que tenham de comum essas religiões e praticar a tolerância de cultos. Não é o caso da Espanha, onde não existe outra religião – nem histórica nem ambientalmente estabelecida – além da católica.
Que significa então a unidade religiosa que o carlismo propugna como primeiro de seus lemas? Simplesmente, que a legislação de um país deve estar inspirada pela fé que ali se professa – a católica no nosso caso – e que não pode contradizê-la; que em relação aos costumes, enquanto podem ser influenciados pelas leis e pela política do governante, deve-se fazer o possível para que permaneçam católicos. Que a religião, enfim, deve ser objeto de proteção por parte da autoridade civil. Dito de outro modo: que não se pode impor nem propor leis que contradigam a moral católica – antes de tudo o Decálogo – nem que atentem contra os direitos e atividades da Igreja. Este fundamento religioso (religião é religação com uma ordem sobrenatural) é radicalmente oposto ao princípio constitucional moderno, segundo o qual o poder procede do homem, de sua vontade majoritária, e nada tem que ver com Deus, nem com o Decálogo o qual só interessa à vida privada de quem professa essa religião. Recordemos que na origem de nossas guerras civis – que sempre tiveram um fundo religioso – os dois brados que se opunham entre si eram: “Viva a Religião!” e “Viva a Constituição!”
O Estado confessional e a conservação da unidade religiosa lá onde existam são, antes de tudo, uma conseqüência do primeiro Mandamento, que nos prescreve amar a Deus sobre todas as coisas, e não só em nosso coração ou privadamente, senão também nas coletividades formadas, familiares ou políticas. Em segundo plano, são necessários, para que se conserve o imenso bem de uma religiosidade ambiental ou popular, do que depende em grande medida a salvação das almas. Em alguns momentos ápices da história o Cristianismo se propagou de modo súbito, quase milagroso: no Império Romano durante o tempo dos Apóstolos, na rápida cristianização dos povos bárbaros quando caiu Roma, na difusão fulgurante de nossa fé na América espanhola. Mas nos demais momentos a fé requer ser mantida com esforço, para superar os perigos, do mesmo modo como fazemos com nossa fé pessoal, e com a saúde e o dinheiro, e qualquer gênero de bens, que requerem ser guardados e preservados. Sob um Estado laico a fé acaba sendo perdida, porque esse povo não merece a fé que recebeu, e isso é patente em nossa sociedade.
Em segundo lugar, tampouco pode subsistir um governo estável que não esteja assentado no que Wilhelmsen denominou “ortodoxia pública”. Quer dizer, um ponto de referência que serve de fundamento à autoridade e obrigatoriedade das instituições, leis e sentenças. A rigor, se for estabelecida a liberdade religiosa (e o conseqüente laicismo do Estado) resulta impossível mandar ou proibir alguma coisa. Em nome do quê se preservará em tal sociedade o matrimônio monogâmico? A que título se proibirá o aborto, a eutanásia e o suicídio? O que poderá se opor ao nudismo, à objeção de consciência, às drogas ou à promiscuidade comunitária?
Bastará que o atingido por uma autorização ou proibição recorra a uma religião qualquer – inclusive individual – que autorize tal prática ou a proíba. E que limite poderá colocar o Estado para essa liberdade religiosa, se considerar que ela está fundada no “direito da pessoa”? Quem deseje divorciar-se ou viver em poligamia, só precisará declarar-se adepto das inúmeras religiões orientais, ou do Islã ou dos mórmons. Quem queira praticar a eutanásia ou induzir ao suicídio, poderá declarar-se xintoísta. O que deseja praticar o nudismo em público, alegará sua inscrição na religião dos bantus. Os opositores ao serviço militar buscarão seu apoio nas Testemunhas de Jeová. Enfim, os que vivem na promiscuidade ou se drogam, encontrarão justificativa nos antigos cultos dionisíacos ou báquicos. A inviabilidade, em última análise, de qualquer governo humano, se torna assim patente. A “liberdade religiosa” é, por sua própria essência, a morte de toda autoridade e governo.
Poder-se-á objetar, não obstante, que a Declaração Conciliar Dignitatis Humanae do Concílio Vaticano II propugnou a liberdade religiosa e o conseqüente laicismo de Estado. O que os carlistas devemos pensar a esse respeito? A meu juízo, o seguinte: 1.º.- O Concílio Vaticano II não é um concílio dogmático mas apenas pastoral, por sua própria declaração: por isso mesmo, isento de infalibilidade. 2.º.- A liberdade religiosa no foro externo ao indivíduo contradiz o ensinamento de todos os papas anteriores (um deles santo) desde a época da Revolução Francesa, e particularmente a encíclica Quanta Cura de Pio IX, que reveste as condições de infalibilidade. 3.º.- A Declaração Conciliar se contradiz a si mesma, posto que ao mesmo tempo afirma que deixa intacta a doutrina anterior. 4.º.- Os amargos frutos dessa Declaração são bem patentes na Igreja e na sociedade. 5.º.- Se essa Declaração tivesse que ser recebida como “palavra de Deus”, ao carlismo não restaria outra coisa senão dissolver-se, porque tem sido o último e mais heróico esforço em defesa do regime da Cristandade. _________ * Publicado em: HOJA INFORMATIVA de la Comunión Católico-Monárquica-Legitimista - Madrid, septiembre 1985. Tradução: André F. Falleiro Garcia

A PÉROLA DA CONSTITUIÇÃO

http://www1.ci.uc.pt/cd25a/media/Postais25Abril/postal26.jpg Movimiento Legitimista Portugués

A Constituição da República Portuguesa tem um preâmbulo que é conhecido do público, mas não é verdadeiro. O autêntico é uma pérola bem guardada de olhos profanos. Nada mais justo, hoje que se cumprem 33 anos sobre a data da sua consagração democrática, que se revele a jóia mais preciosa da coroa republicana.

Entendo que esta homenagem é devida a tão augusta soberana!

A 25 de Abril de 1974, o Movimento das Forças Antiportuguesas, aproveitando a proverbial paciência do povo português e falseando os seus sentimentos profundos, derrubou o regime farsista.

Procurar lançar Portugal na pior das ditaduras, na opressão e em colónia do estrangeiro representou uma transformação revolucionária e o início de uma traição histórica de que foi vítima a sociedade portuguesa.

A Revolução não restituiu aos Portugueses os direitos e liberdades fundamentais. No esbulho destes direitos e liberdades, os ilegítimos representantes do povo reúnem-se para elaborar uma aberração que corresponde às aflições do País.

A Assembleia Aberrante contraria a decisão do povo português de defender a independência nacional, de garantir os direitos fundamentais dos cidadãos e estabelece os princípios deletérios da democracia, assegura a catástrofe do Estado de Direito democrático e abre caminho para uma sociedade socialista no desrespeito do interesse do povo português, tendo em vista a construção de um país mais escravizado, mais injusto e mais carregado de ódios.

A Assembleia Aberrante, reunida na sessão plenária de 2 de Abril de 1976, aprova e decreta a seguinte Aberração da República Portuguesa.

O descodificador,

Joaquim Maria Cymbron