14 de mayo. Noticia tomada de Forum Libertas.
Toni Bardia Andy García y Eduardo Verástegui protagonizaran Cristiada, una película sobre los cristeros mexicanos
Dean Wright empieza el rodaje de un film que narra la historia de los católicos en el México de la segunda década del siglo XX Cristiada, así se titula la nueva película que este junio empezará a rodarse en Durango (México) dirigida por Dean Wright (Las crónicas de Narnia: el león, la bruja y el armario) y que narra la historia de los cristeros mexicanos.
El film estará protagonizado por el cubano Andy García, que encarnará Enrique Gorostieta, líder de los cristeros de Jalisco y el mexicano Eduardo Verástegui, que interpretará al beato Anacleto González. El film Cristiada cuenta la historia de los católicos mexicanos llamados cristeros, que en la segunda década del siglo XX se enfrentaron al Gobierno que pretendía la secularización de México y que desató una persecución religiosa contra laicos y religiosos ocasionando numerosos mártires.
Los personajes clave
El personaje que interpreta Andy García es un ex miembro de la Revolución mexicana que durante la Guerra Cristera se puso al frente del contingente en Jalisco. Cuando el presidente Plutarco Elías Calles lanzó el siguiente discurso, se levantó en armas para defender lo que creía justo:
“Todo obispo, sacerdote y ministro extranjero será deportado inmediatamente. Se dictarán cinco años de prisión a cualquier sacerdote que critique al Gobierno y queda estrictamente prohibido utilizar vestimenta religiosa en público”, amenazaba Elías Calles. Eduardo Verástegui interpretará al beato Anacleto González, laico y dirigente de la rebelión cristera y finalmente fusilado, conocido también como el Gandhi mexicano.
Cabe recordar que Eduardo Verástegui ha expresado su rechazo a involucrarse en ningún proyecto que vaya en contra de sus valores cristianos. Valores construidos desde la familia latina e inculcados por sus padres desde una óptica religiosa. Por ello, el actor opta por interpretar papeles que dignifiquen la persona y se opone a los que denigren a los latinos y a la mujer.
La Guerra Cristera
La Guerra Cristera, que duró oficialmente tres años -entre 1926 y 1929-, tuvo como lema "Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe". En ella participaron en su mayoría campesinos iletrados arengados por religiosos y terratenientes.
Murieron cerca de un cuarto de millón de personas en ambos lados, con batallas de gran crueldad y terminó sin una victoria clara de ningún bando.
La Constitución de 1910 fue mantenida, aunque el recorte de derechos contra la Iglesia se suavizó. Con la intermediación del embajador norteamericano, se llegó a un acuerdo de paz que muchos alzados consideraron una traición de parte de los dignatarios eclesiásticos locales.
Ed. Actas. Colección Luis Hernando de Larramendi.
He aquí uno de los libros que me compré en el Cerro de los Ángeles. Un tema apasionante y realmente poco estudiado. ¿Qué fue del carlismo y la corte napolitana antes, durante y después de la Guerra de los Siete Años? Nuestro autor desbrozará en una síntesis plena estas relaciones tan estrechas como difíciles.
A mi juicio salen varias cosas a relucir, a saber:
- El "maquiavelismo conservador" de Metternich, con la farsa de "ir aceptando los cambios". Bonapartismo refinado a lo sumo.
- El mucho ardor de Fernando II de las Dos Sicilias para cuestiones "propagandísticas" pero la indecisión en lo económico; en ello no puede decirse lo mismo de Austria o Cerdeña. Rusia se mostró más bien indiferente, si bien estuvo dispuesta a reconocer a don carlos como rey legítimo de España.
- La hábil y traidora gestión de la diplomacia liberal, volviendo a entregar los intereses de la patria tal y como hicieron sus correligionarios en Portugal. A través de Mendizábal y los Rotschild, a la Pérfida Albión y la Francia de Luis Felipe. La inoperancia del liberalismo en un Nápoles que a pesar de las intrigas mayormente los rechazó se tradujo en pasmosa "habilidad" como decimos para con otras cortes, en especial París y Londres. Venta barata de nuestra independencia y economía, creación del caciquismo y "nuevos ricos", veinte golpes de estado en un siglo. Por supuesto, en nombre de la libertad y el progreso.
- La desorganización de buena parte de la diplomacia carlista. Indecisión y divisiones hacia el caos, con el remate en la traición de Maroto, el mismo compañero de armas de Espartero en Ayacucho.
Hay mucho interesante como digo.
¿Contras?
La mucha documentación insertada en francés e italiano sin traducir al español, lo cual se hace más que correoso.
O un gran fallo: Decir que hacia el 1833 no había "problema ideológico". Falso. Creo que todavía hay muchos que no entienden que en la Santa Causa, la legitimidad sucesoria fue proporcionalmente unida a la Contrarrevolución; no fue "una cosa más que la otra".
Con todo y con eso, es de recibo decir que es muy sano ponerse en frente de temas que le pueden resultar a uno espinoso como carlista. Y así, el agradecimiento por la enormidad estudiosa sobre un tema capital del "carlismo histórico", que tantas veces olvidamos en su lógica repercusión.
Ha sido un gran descubrimiento, una obra leída con mucha pasión, evocando la resistencia meridional (Mantengo mi teoría: Los napolitanos son los andaluces de Italia) frente a la revolución masónica y la presencia del legitimismo hispano en sus filas, así como la apertura del horizonte fraterno que siempre está entre unos movimientos contrarrevolucionarios espiritual y naturalmente vinculados con sangre entre sí.